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miércoles, 15 de abril de 2015

1 poema

de Laia López Manrique




LUCIA JOYCE Y VIOLET GIBSON
Lucia dice: Hace frío en la sala de curas.

Violet dice: Con estas manos ajadas disparé a Benito
Mussolini.

Lucia dice: Pasearé sola por los jardines del hospital.
Recordaré cómo era moverse entre las plantas libres.
Cómo era arrastrar la vida hacia el fémur. Rotación
y armonía. Desmembrada ahora.

Violet dice: Yo pude haber salvado a toda Europa.
Mujer de nariz ganchuda y ojos exiguos. Exiguo tam-
bién el gesto de las manos: compresión y ráfaga. ¿Has
tratado alguna vez de matar a un hombre?

Lucia dice: En una ocasión maté a una mujer ante
un cristal. No lo atravesó con sus piernas porque yo
la detuve. Mi madre mató a un amante enfermo. Mi
padre nos mató a todos en sus libros.

Violet dice: ¿A cuántos hombres mató Mussolini? ¿A
cuántas mujeres?

Lucia dice: Desunir recovecos. Cómo era contorsio-
narse y cómo era mirar al fondo de una roca con los
pies antes que con los ojos. Lanzar mirada estrábica,
perder la visión. Mirar con los pies la arista de un
diamante al multiplicarse, ¿hacia dónde lleva el hueco?
¿Hacia dónde camino en el diamante? ¿Son pirámides
las que avanzan?

Violet dice: Si volviera a tener un arma entre las ma-
nos… ¿No fue mi padre quien me enseñó a manejarla?

Lucia dice: Papá es un agujero. Papá agujero furioso.
Ciego. Parcheado. Padre parcheado. Papá me coge en
brazos de niña, dice mi nombre. Parcheado. Agujerea
mi nombre. Papá me mira con su único ojo fiero y me
transcribe. Aguja sobre la piel, papá perfora transcri-
biéndome. Mamá no me transcribe. Me pinza por el
muslo como un cangrejo, me extrae de sí. Vidamuer-
te equivalen. Rubor de perdida.

Violet dice: Aquel hombre de músculos rollizos
paseando sobre Roma. Aquel hombre que eran
todos y cualquier hombre. Podría ser cualquier
hombre y podría haber sido cualquier otra mano
la que apretase el gatillo pero fue su mandíbula y
fue mi mano la que disparó.

Lucia dice: Papá es una avispa. Papá vuela a lomos
de mi avispa. Panel de cota, panel de sudario. Papá,
Samuel. Quiénes fuimos una vez y hablamos alre-
dedor de una mesa. Había caldo, carne hervida y
vino casi transparente. Ajuar para la más bella rociada
de avispas. Lucia, acércate a mí con tu cintura, con
tus pies y ojos reversibles. Yo me agitaba.

Violet dice: Todo queda siempre en un intento. Todo
queda y se recubre. Ellos pasan un trapo por la super-
ficie mancillada y nosotras aquí, en esta clausura. Hacer
un recuerdo de lo que acontecerá. Dame la mano, Lucia.

Lucia dice: Aprieta el gatillo. 

Tomado de: http://www.carmengdelacueva.com/

1 poema

de Miriam Reyes



No soy dueña de nada
mucho menos podría serlo de alguien.
No deberías temer
cuando estrangulo tu sexo,
no pienso darte hijos ni anillos ni promesas.
 
Toda la tierra que tengo la llevo en los zapatos.
Mi casa es este cuerpo que parece una mujer,
no necesito más paredes y adentro tengo
mucho espacio: 
ese desierto negro que tanto te asusta.


   
de Bella durmiente, Hiperión ediciones, 2004
 Tomado de: 
http://www.miriamreyes.com

1 poema

de Anne Sexton



Divorcio

Maté nuestra vida juntos,
haché cada cabeza,
con sus pobres ojos azules pegados a una pelota de playa
que rueda por separado hasta la vereda.
Maté todas las cosas buenas
pero son demasiado obstinadas para mí.
Aguantan.
Las pequeñas palabras de compañerismo
gatearon hasta sus tumbas,
el hilo de la compasión,
querido como una frutilla,
los cuerpos mezclados
que pusieron dos hijas dentro nuestro,
ver cómo te vestías,
temprano,
la ropa separada, prolija y doblada,
sentado al borde de la cama
lustrando tus zapatos con pomada negra,
y te amé entonces, tan sabio fuera de la ducha,
y te amé muchas otras veces
y estuve, por meses,
queriendo ahogarlo,
enterrarlo profundo,
dejar su gran lengua roja
sumergida como un pez,
pero donde sea que mire están encendidos,
el róbalo, la anchoa, la platija
ardiendo entre las algas marinas
como muchos soles golpeando las olas
y mi amor sigue brillando con vehemencia,
sus espasmos no van a irse a dormir,
y yo estoy indefensa y sedienta y quiero una sombra
pero no hay nadie que me tape 
ni siquiera Dios.


Versión de Tom Maver
Tomado del blog: 
http://hastadondellegalavoz.blogspot.com.es/

lunes, 13 de abril de 2015

1 poema

de Adrián Bernal

Hunter S. Thompson
Elegía a Raoul Duke
Aquí es donde el camino termina viejo aquí / en las fronteras del aullido / en la carretera en la herida / aquí donde el desierto / donde los párpados / han regresado los coyotes hunter / regresaron anoche reclamando recuerdos / reclamando rescoldos retribución relámpagos / regresaron famélicos sangrantes / arrastrándose entre las alambradas / esquivando las luces & las balas / alimentándose en los vertederos / lamiéndose las cicatrices / humedeciendo sus dedos gastados / de contar billetes de 1 dólar / en estaciones de servicio / en maquilas en las intersecciones / de la 53 con la tercera / de ese dolor & esa oscuridad / vinieron para despedirse / de tu cráneo roto de tus cuencas vacías / vinieron desde louisville san juan menphis new york / new orleans las vegas sinaloa / vinieron recitando letanías / inventariando ragtimes de james booker / hunter vinieron con lluvia & ácido / a través de campos de flores muertas / a través de autopistas de napalm / desde frisco hanoi londres los ángeles / como poemas de dylan ametrallados / por las pulsaciones de tu selectric / no se puede borrar lo escrito en esa máquina / no se puede volver atrás / solo triturar la madera con los dientes / & guardar gasolina en los pulmones / & huir mientras los demás duermen / 1 huida hacia delante / que termina contigo con el plomo / dejando entrar la luz en la mañana / vinieron para despedirse / de tus marcas de nacimiento / hunter del polvo de tu calavera / del corazón de la tristeza / hunter tu corazón / en las fronteras del aullido / aquí es donde terminan las canciones.
[El 20 de febrero de 2005 el periodista Hunter S. Thompson se suicidaba disparándose en la cabeza. Tenía 67 años.]

Tomado del blog:
https://diariodeoctubre.wordpress.com/

1 poema

de Isabel Cadenas Cañón




Ocio (IV)


Primero está la oscuridad breve, el espacio contenido en las ventanas cerradas.
El ruido del frigorífico que se apaga y da paso al los árboles y columpios de tarde de domingo.
La luz entra de a poco, espesa.
Es luz como acolchada que desborda las celosías y lo baña todo pero leve;
no luz cosida que se va a posar sobre los muebles tomando su geografía exacta.
Es luz de final de verano, que calienta ya lejana.
He visto esas hebras de puntos invadir horas idénticas.
Las tardes de siesta obligada de mi padre, mientras sus amigos conquistaban el frontón.
Su espera de la quietud completa, de la señal muda para huir.
Sé que jugaba entonces a abrir y cerrar las manos, a encarcelar las líneas claras que se colaban por rendijas que nunca vi y que recuerdo nítidamente. 
Lo sé porque también ahora la luz es la sola presencia móvil de este cuarto, cuando la casa entera duerme y sin embargo afuera
y tú ignoras que el recuerdo prestado me impide cerrar los ojos.
Lo sé porque la luz marca este privilegio de estar despierta mientras tu brazo me cubre sin peso y sé que tengo que liberarme para escribir esta calma
y no.



Bonus link:



1 poema

de Sharon Olds



Oda a la Lealtad Rota

Quiero volver a ese día, en que
se rompió en mí la lealtad
a la familia, cuando me liberé,
liberada de todos, de todo lo humano,
y derivé como un astronauta
suelto. Quiero volver a la hora
en que una cuerda de mi mente se cortó
y ya no me alimentó la placenta de la nucleada
o extendida familia sino a la hora en que me aborté
a mí misma o que fui abortada de esa casa. Una vez
arrancada, ya aparte y apartándome, parecía que era
poco de lo que no podía escribir, sentí
como si mi expulsión y deshabilitación
hubieran sido anulados, yo estaba en el viento, como
una mujer soltera sola en el orgasmo,
como una bruja, pero pensé que estaba pensando y cantando
para todos, en cada tierra
y cada tiempo. Estaba loca. ¿Estaba loca? Pensé
que alguien llevada más allá del silencio
de la normal reticencia podía hablar
para los normales. No quiero volver
a la hora en que me solté y corrí,
la yema y la clara brillando en los bordes
de la cáscara rota. Me encanta decir
que pude haber sido yo quien rompiera el contrato,
como si no fuera obvio
que fue roto, físicamente, en mí.
Quiero volver al momento en que encontré el papel
y la tinta, como si la materia de la tierra
quisiera cantar y ser cantada, como si una pudiera
pensarse leal, siendo leal a ese canto.



Traducción de Tom Maver
tomado del blog: 
http://hastadondellegalavoz.blogspot.com.es/

sábado, 11 de abril de 2015

1 Poema

de Cecilia Moscovich








La pileta
La casa está sola en el medio del campo -una luz inmóvil en la negrura- Nosotros juntábamos luciérnagas para hacer una lámpara hoy junto recuerdos con los que atravieso una tarde en la que soy una herida. La casa está alta sobre una loma y tiene una respiración vieja y cansada apenas si puedo acordarme de sus habitaciones ¡es que pasó tanto tiempo! la vida recién empezaba y mi memoria aún no sabía cómo guardar las cosas. Los espejos estaban nublados y los grifos chirriaban de ellos salía un agua que venía del pasado (fresca, oscura, con olor a pozo). En las canillas venían naufragando pequeñas ranitas que yo adhería a las paredes pálidas de la ducha. Los techos eran altos e inalcanzables como el futuro la cocina era triste y mal iluminada las camas tenían barrotes de hierro y colchones con resortes de esos que se destripan y juntan insectos. Había además, sobre todo, una pileta, cavada justo en el corazón de la pampa y un día esa pileta estuvo vacía y una niña se cayó en ella y se desvaneció. Despertó adentro de la casa vieja junto a su madre que la esperaba en cuclillas en la penumbra de la siesta. Yo no sé a dónde se fue esa niña cuando se desvaneció pero siento ahora que en el fondo de esa pileta se quedó durmiendo el tiempo que esa pileta es el pasado en esa pileta aún tiembla mi infancia y nadie, pero nadie, se ha muerto.


1 poema

de Juan Diego Incardona






Sonda

Hay señales queriendo entrar por las ventanas de las casas, 
las puertas de las casas, cualquier agujero de las casas 
donde tejer en sus vacíos mensajes increíbles de las bocas del espectáculo,
gramáticas devoradoras de la percepción que ondulan voces emitidas ya no se sabe bien por quiénes;
hay señales corriendo por los nervios ciáticos de la columna social de hombres vivos o ectoplasmas 
—pues incluso los fantasmas han sido alcanzados por las ondas dominantes—
que producen fantasías con altos niveles de efectividad en las conductas;
y crujen, crujen las señales incluso en las oscuras piernas tatuadas apoyadas en las mías,
señales de radio y de tv en nuestros sexos,
señales vomitadas por una ballena más que blanca;

captadas por esas mismas almas que renacen en la primavera para perfumar con su olor a tumba los boliches, 
resentidos por la invasión del mosquerío,
van y vienen doloridos, tocan la bocina en la avenida, tocan la puerta de su jefe, tocan sus bombos de teflón si las señales transmiten el mandato;
pequeños caníbales golpeando con los huesos de sus casas propias o alquiladas
una aparente superioridad sobre el resto de las verdades programadas;

hay señales eléctricas que, así como mueven zombies, mueven árboles;
estos no habían muerto, sólo se mantuvieron quietos durante un tiempo,
agazapados en nuestras veredas esperando la oportunidad
como ahora que sus troncos acorazados han sigo inyectados por la droga de los poderes
y sin más rompen baldosas sus raíces enterradas hace un siglo en las napas de sangre de las guerras fratricidas, 
árboles antiguos, conservadores, respetuosos de sus mitos, creencias y banderas,
viajaron lentamente a una velocidad peligrosa hasta nuestros hogares con familias tipo,
abrieron terribles sus copas como antenas de cuchillos, 
recibieron las señales y las retransmitieron,
penetraron ojos de cerradura con flores que, afuera, dan alergias a los neuróticos; adentro, dan brotes a los psicóticos;
hoy sus ramas estiran hasta el último ambiente brazos vegetales que han derribado muchos muebles y empalado muchos culos;

hay señales que todo vuelven planta, 
todo el pueblo vuelve estado vegetativo en sus frecuencias tentadoras,
repetidamente buscan tierra y buscan sol,
buscan agua día y noche para saciar su sed interminable de lenguas quemadas en alcohol y sales finas,
y los que no se entregan, desean quemarlo todo con sus espíritus rebeldes, pero el fuego les ha sido negado desde sus infancias educadas en historias convenientes;
yo no sé si entregarme o prenderlo fuego todo con el fuego que no tengo;

hay señales que no puedo interpretar y sin embargo me dominan;
que sea lo que Dios quiera; 
me quedo en la cama aplicándome inyecciones de corticoides y diclofenac,
dando vueltas en la calesita rectangular con las sortijas caídas en el sueño,
montado a caballito o metido en un autito,
ya no quedan posiciones para el dolor de la columna;

hay señales en el piso, en las paredes y en el techo,
y de tanto mirar el techo la lamparita se ha quemado,
así que he descubierto que todavía le queda algún poder a mi personalidad;
cierro los ojos e intento concentrarme en la liberación,
pero no pasa nada ni nadie,
bien o mal sigo aplastado contra el féretro de goma espuma y avanzo temas en el reproductor;

hay energías que me llevan a la muerte, 
igual que a todos me trasladan en sus vagones invisibles por las vías que no se tocan ni siquiera en el infinito,
vías siempre paralelas para un viaje que nunca llega,
la muerte no llega porque las señales abren más paréntesis
(explicaciones, didácticas, calificaciones, atributos)
y entonces parece más tarde de lo que es; 
hoy, como ayer, el día no concuerda con el reloj,
como tampoco concuerdo yo con lo que pienso.

Hay música, sin embargo, filtrada en las señales.
¿Hay un médico a bordo?
Un hombre está a punto de parir,
sí, un hombre.
Los pájaros han encendido fuegos sobre las puntas de los postes y en la calle brilla la espera;
mi memoria se renueva dentro mientras caen pedazos de paredes, 
lecciones de la escuela primaria y citas bíblicas de la catequesis parroquial,
éstas últimas de mis personajes favoritos cuyos nombres empezaban con la jota igual que el mío, Juan: Jonás y Job.

Hay señales musicales que no sé si son propias o ajenas
pero en definitiva qué se puede hacer salvo escuchar canciones,
si en la cama un pararrayos –mi cuerpo- toma de la noche
la luz de las estrellas, la luz de Dios o la luz de las ideas,
ya no importa qué utopía ha sido consumida en señales y comunicaciones
cuando es el dolor la antena que recibe las noticias.




Amor bajo cero, Vox 2013

Tomado del blog: 
http://escriturasindie.blogspot.com.ar/