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martes, 6 de octubre de 2015

Nada altera la calma cotidiana


planeo un viaje mientras
caliento en el microondas
quesos y salsa arrojados
sobre una superficie lisa
de pan

pienso en la tierra
en su extensión
y veo cómo el queso rebasa
los bordes del plato
en el horno microondas

pienso en las horas
en las rutas como
tajos abiertos en
la carne viva de los pastos

en los kilómetros
en la infinita lejanía de la llanura
y en las formas que la paciencia
tiene y adquiere

nada altera la calma cotidiana
solo el sonido del horno
hiere el silencio

el queso en el plato
aún se expande

así debe trabajar
el tiempo
durante el viaje
irradiando su calor sobre
un corazón en franca expansión



                                                          Tomado de http://escriturasindie.blogspot.com.ar/2015/10/poesia-juan-alberto-crasci.html

sábado, 4 de julio de 2015

Ritos

de Miryam Hache



Ay querer la vulgaridad de los restaurantes,
del lujo como una cima de polvo,
la frágil altura de unas piernas
en tacones de plástico.
¿Qué hay mas arriba de la porción visible
de unos muslos de revista?
El origen de la vida al alcance de todos.

Ay querer
derrotar
las fuerzas al sur
de las mujeres y de los hombres
No hay cohesión, hay justicia
La belleza no está
en lo que cae o no cae,
la belleza debe estar en otra parte,
tal vez,
en lo que resiste.

Entonces
quiero trascender
irme
hasta la infancia
no,
hasta todas las posibilidades
juntas-en-el útero
de mi madre
o de todas las madres.

Debería leer más,
saber más,
entender que no todas las claves están en mi historia
intrincadas hiladas pegadas
sino que hay visión más atrás de los ojos,
que es poética la física,
que ignoro demasiado
de matemática,
filosofía, política, historia,
arquetipos jungianos o fórmulas,
o de aquel otro espacio
que los druidas y chamanes pueden.

Todos esos recuerdos ajenos
que memorizamos
para cumplir,
no para ser,
para legitimar
el olvido de otras cosas.
Todo este lapso de tiempo en que nos doblamos y vamos
hacia los espacios imaginarios impuestos por quién
como átomos de tribus esparcidas en asfalto
como jirones de pieles de animales revistiendo
objetos de belleza innecesaria.
Quiero volver o partir o partirme
ir hasta el origen
no al mío,
al de la humanidad como germen o mierda que abona
las plantas-oxígeno
de reyes que mutilan a sus siervos
y súbditos postrados en sangre
anegan
ellos
líderes o reyes
con su divinidad roja en el grito que tumba
se crecen o yerguen
sobre los campos regados
de la cárdena
espesura
de los vivos.

Querer trascender
irme
más atrás de mi vida
más atrás de los libros,
antes del tubérculo enraizado
al jardín del primer pobre.
Ir hasta el rito inicático o qué,
ir hasta la reserva líquida
de todas las posibilidades
juntas en el útero
de todas las madres.
Quiero el amparo
de esas-madres,
no sentir frío,
ser tanto que la muerte me esquive,
escribir en busca del tiempo
escribir acuática entre leyendas y peces
ir hasta la unión invisible,
la apertura cósmica recubierta de las palabras enteras
y seguir escribiendo
y no volver a quedarme
así de sola
nunca.



jueves, 14 de mayo de 2015

Poemas

de Chantal Maillard






Iniciación
Estoy creciendo de la nada.
Mis ojos tantean
la claridad difusa
mis manos
se posan y tantean
abro agujeros
mi cuerpo agujeros
en el cielo agujeros
tanteo las estrellas
agujeros que llueven
y es dolor
y el dolor penetra
mi cuerpo tantea
el dolor tal vez
el gozo
indaga
descubre el mí
mi boca dice
vuelvo sobre mí
misma y tanteo
¡es tanta la ceguera!
cierro los ojos
lo cierro todo
y de repente me abro
veo
veo lo que no hay
veo
estoy creciendo de la nada.



No existe el infinito
No existe el infinito:
el infinito es la sorpresa de los límites.
Alguien constata su impotencia
y luego la prolonga más allá de la imagen, en la idea,
y nace el infinito.
El infinito es el dolor
de la razón que asalta nuestro cuerpo.
No existe el infinito, pero sí el instante:
abierto, atemporal, intenso, dilatado, sólido;
en él un gesto se hace eterno.
Un gesto es un trayecto y una trayectoria,
un estuario, un delta de cuerpos que confluyen,
más que trayecto un punto, un estallido,
un gesto no es inicio ni término de nada,
no hay voluntad en el gesto, sino impacto;
un gesto no se hace: acontece.
Y cuando algo acontece no hay escapatoria:
toda mirada tiene lugar en el destello,
toda voz es un signo, toda palabra forma
parte del mismo texto.

sábado, 9 de mayo de 2015

Postergada

de Miryam Hache





Los días rebotan como pelotas en mi pelo
el espejo del baño es todos los espejos
y mi reflejo un personaje
que tapa
la lentitud de mis finales,
esas arrugas o advertencias
esos trastornos de la piel.
Mientras
paso y paso y paso
bajo mi único nombre.

Ya escribí que soy transoceánica
multigeográfica
todas las errancias de las mujeres beat veladas
de los perros sin raza hijos de nadie
los anónimos muertos de sobredosis en raves
las escritoras postrománticas suicidas
los mendigos y sus cartones y sus carros de la compra
su horizontalidad y sus botellas en las puertas de los bancos
acristalados como obras de arte
que turistas imbeciles fotografían
como si fueran postales de carne
las actrices antiguas grabadas sin color
eternidazas entre el humo del glamour de los treinta
los acróbatas circenses de otro siglo
las piernas que danzan el folklore balcánico en Nueva York
las gargantas femeninas de Serbia,
los deformes de Arbus,
los asesinos de Hitchock,
mi ego es tan grande
que soy toda la belleza posible
la otra realidad bajo las urbes
soy el fucking infinito encajado en un cuerpo.
Soy una más de las que escribe
para ir más adentro del mundo.
No rutina
pausa repetida
un paréntesis
entre
toda
esa
belleza

que dejo.




lunes, 20 de abril de 2015

Vuelvo a mayo de 1937

Vuelvo a mayo de 1937 

de Sharon Olds



Los veo de pie, cada uno en la puerta oficial de su universidad,
veo a mi padre pasear sin rumbo
bajo el arco de ocre arenisca, los
azulejos rojos centellean como combadas
bandejas de sangre tras su cabeza, yo
veo a mi madre con algunos libros finos apoyados en la cadera,
de pie junto al pilar hecho de ladrillos diminutos con la
puerta de hierro forjado todavía abierta tras ella, sus
puntas de espada negras en el aire de mayo,
están a punto de graduarse, están a punto de casarse,
son niños, son tontos, todo lo que saben es que son
inocentes, nunca le harían daño a nadie
Quiero ir hasta ellos y decirles Parad,
no lo hagáis, ella es la mujer equivocada,
él es el hombre equivocado, vais a hacer cosas
que no imaginabais que haríais,
vais a hacer cosas malas a los niños,
vais a sufrir de formas que nunca habíais oído,
vais a querer morir. Quiero ir
hasta ellos allí en la tardía luz de mayo y decirles,
la cara hambrienta, preciosa, en blanco de ella volviéndose hacia mí,
su cuerpo hermoso, digno de compasión, intacto,
la cara arrogante, atractiva, ciega de él volviéndose hacia mí,
su cuerpo hermoso, digno de compasión, intacto,
pero no lo hago. Quiero vivir. Yo
los levanto como al muñeco y la muñeca
de papel y golpeo uno contra otro
a la altura de las caderas como esquirlas de piedra como para
que salten chispas de ellos, les digo
Haced lo que vais a hacer, y yo lo contaré.

Traducción de: María Solís Munuera

lunes, 13 de abril de 2015

1 poema

de Adrián Bernal

Hunter S. Thompson
Elegía a Raoul Duke
Aquí es donde el camino termina viejo aquí / en las fronteras del aullido / en la carretera en la herida / aquí donde el desierto / donde los párpados / han regresado los coyotes hunter / regresaron anoche reclamando recuerdos / reclamando rescoldos retribución relámpagos / regresaron famélicos sangrantes / arrastrándose entre las alambradas / esquivando las luces & las balas / alimentándose en los vertederos / lamiéndose las cicatrices / humedeciendo sus dedos gastados / de contar billetes de 1 dólar / en estaciones de servicio / en maquilas en las intersecciones / de la 53 con la tercera / de ese dolor & esa oscuridad / vinieron para despedirse / de tu cráneo roto de tus cuencas vacías / vinieron desde louisville san juan menphis new york / new orleans las vegas sinaloa / vinieron recitando letanías / inventariando ragtimes de james booker / hunter vinieron con lluvia & ácido / a través de campos de flores muertas / a través de autopistas de napalm / desde frisco hanoi londres los ángeles / como poemas de dylan ametrallados / por las pulsaciones de tu selectric / no se puede borrar lo escrito en esa máquina / no se puede volver atrás / solo triturar la madera con los dientes / & guardar gasolina en los pulmones / & huir mientras los demás duermen / 1 huida hacia delante / que termina contigo con el plomo / dejando entrar la luz en la mañana / vinieron para despedirse / de tus marcas de nacimiento / hunter del polvo de tu calavera / del corazón de la tristeza / hunter tu corazón / en las fronteras del aullido / aquí es donde terminan las canciones.
[El 20 de febrero de 2005 el periodista Hunter S. Thompson se suicidaba disparándose en la cabeza. Tenía 67 años.]

Tomado del blog:
https://diariodeoctubre.wordpress.com/

1 poema

de Isabel Cadenas Cañón




Ocio (IV)


Primero está la oscuridad breve, el espacio contenido en las ventanas cerradas.
El ruido del frigorífico que se apaga y da paso al los árboles y columpios de tarde de domingo.
La luz entra de a poco, espesa.
Es luz como acolchada que desborda las celosías y lo baña todo pero leve;
no luz cosida que se va a posar sobre los muebles tomando su geografía exacta.
Es luz de final de verano, que calienta ya lejana.
He visto esas hebras de puntos invadir horas idénticas.
Las tardes de siesta obligada de mi padre, mientras sus amigos conquistaban el frontón.
Su espera de la quietud completa, de la señal muda para huir.
Sé que jugaba entonces a abrir y cerrar las manos, a encarcelar las líneas claras que se colaban por rendijas que nunca vi y que recuerdo nítidamente. 
Lo sé porque también ahora la luz es la sola presencia móvil de este cuarto, cuando la casa entera duerme y sin embargo afuera
y tú ignoras que el recuerdo prestado me impide cerrar los ojos.
Lo sé porque la luz marca este privilegio de estar despierta mientras tu brazo me cubre sin peso y sé que tengo que liberarme para escribir esta calma
y no.



Bonus link:



1 poema

de Sharon Olds



Oda a la Lealtad Rota

Quiero volver a ese día, en que
se rompió en mí la lealtad
a la familia, cuando me liberé,
liberada de todos, de todo lo humano,
y derivé como un astronauta
suelto. Quiero volver a la hora
en que una cuerda de mi mente se cortó
y ya no me alimentó la placenta de la nucleada
o extendida familia sino a la hora en que me aborté
a mí misma o que fui abortada de esa casa. Una vez
arrancada, ya aparte y apartándome, parecía que era
poco de lo que no podía escribir, sentí
como si mi expulsión y deshabilitación
hubieran sido anulados, yo estaba en el viento, como
una mujer soltera sola en el orgasmo,
como una bruja, pero pensé que estaba pensando y cantando
para todos, en cada tierra
y cada tiempo. Estaba loca. ¿Estaba loca? Pensé
que alguien llevada más allá del silencio
de la normal reticencia podía hablar
para los normales. No quiero volver
a la hora en que me solté y corrí,
la yema y la clara brillando en los bordes
de la cáscara rota. Me encanta decir
que pude haber sido yo quien rompiera el contrato,
como si no fuera obvio
que fue roto, físicamente, en mí.
Quiero volver al momento en que encontré el papel
y la tinta, como si la materia de la tierra
quisiera cantar y ser cantada, como si una pudiera
pensarse leal, siendo leal a ese canto.



Traducción de Tom Maver
tomado del blog: 
http://hastadondellegalavoz.blogspot.com.es/

sábado, 11 de abril de 2015

1 Poema

de Cecilia Moscovich








La pileta
La casa está sola en el medio del campo -una luz inmóvil en la negrura- Nosotros juntábamos luciérnagas para hacer una lámpara hoy junto recuerdos con los que atravieso una tarde en la que soy una herida. La casa está alta sobre una loma y tiene una respiración vieja y cansada apenas si puedo acordarme de sus habitaciones ¡es que pasó tanto tiempo! la vida recién empezaba y mi memoria aún no sabía cómo guardar las cosas. Los espejos estaban nublados y los grifos chirriaban de ellos salía un agua que venía del pasado (fresca, oscura, con olor a pozo). En las canillas venían naufragando pequeñas ranitas que yo adhería a las paredes pálidas de la ducha. Los techos eran altos e inalcanzables como el futuro la cocina era triste y mal iluminada las camas tenían barrotes de hierro y colchones con resortes de esos que se destripan y juntan insectos. Había además, sobre todo, una pileta, cavada justo en el corazón de la pampa y un día esa pileta estuvo vacía y una niña se cayó en ella y se desvaneció. Despertó adentro de la casa vieja junto a su madre que la esperaba en cuclillas en la penumbra de la siesta. Yo no sé a dónde se fue esa niña cuando se desvaneció pero siento ahora que en el fondo de esa pileta se quedó durmiendo el tiempo que esa pileta es el pasado en esa pileta aún tiembla mi infancia y nadie, pero nadie, se ha muerto.


1 poema

de Juan Diego Incardona






Sonda

Hay señales queriendo entrar por las ventanas de las casas, 
las puertas de las casas, cualquier agujero de las casas 
donde tejer en sus vacíos mensajes increíbles de las bocas del espectáculo,
gramáticas devoradoras de la percepción que ondulan voces emitidas ya no se sabe bien por quiénes;
hay señales corriendo por los nervios ciáticos de la columna social de hombres vivos o ectoplasmas 
—pues incluso los fantasmas han sido alcanzados por las ondas dominantes—
que producen fantasías con altos niveles de efectividad en las conductas;
y crujen, crujen las señales incluso en las oscuras piernas tatuadas apoyadas en las mías,
señales de radio y de tv en nuestros sexos,
señales vomitadas por una ballena más que blanca;

captadas por esas mismas almas que renacen en la primavera para perfumar con su olor a tumba los boliches, 
resentidos por la invasión del mosquerío,
van y vienen doloridos, tocan la bocina en la avenida, tocan la puerta de su jefe, tocan sus bombos de teflón si las señales transmiten el mandato;
pequeños caníbales golpeando con los huesos de sus casas propias o alquiladas
una aparente superioridad sobre el resto de las verdades programadas;

hay señales eléctricas que, así como mueven zombies, mueven árboles;
estos no habían muerto, sólo se mantuvieron quietos durante un tiempo,
agazapados en nuestras veredas esperando la oportunidad
como ahora que sus troncos acorazados han sigo inyectados por la droga de los poderes
y sin más rompen baldosas sus raíces enterradas hace un siglo en las napas de sangre de las guerras fratricidas, 
árboles antiguos, conservadores, respetuosos de sus mitos, creencias y banderas,
viajaron lentamente a una velocidad peligrosa hasta nuestros hogares con familias tipo,
abrieron terribles sus copas como antenas de cuchillos, 
recibieron las señales y las retransmitieron,
penetraron ojos de cerradura con flores que, afuera, dan alergias a los neuróticos; adentro, dan brotes a los psicóticos;
hoy sus ramas estiran hasta el último ambiente brazos vegetales que han derribado muchos muebles y empalado muchos culos;

hay señales que todo vuelven planta, 
todo el pueblo vuelve estado vegetativo en sus frecuencias tentadoras,
repetidamente buscan tierra y buscan sol,
buscan agua día y noche para saciar su sed interminable de lenguas quemadas en alcohol y sales finas,
y los que no se entregan, desean quemarlo todo con sus espíritus rebeldes, pero el fuego les ha sido negado desde sus infancias educadas en historias convenientes;
yo no sé si entregarme o prenderlo fuego todo con el fuego que no tengo;

hay señales que no puedo interpretar y sin embargo me dominan;
que sea lo que Dios quiera; 
me quedo en la cama aplicándome inyecciones de corticoides y diclofenac,
dando vueltas en la calesita rectangular con las sortijas caídas en el sueño,
montado a caballito o metido en un autito,
ya no quedan posiciones para el dolor de la columna;

hay señales en el piso, en las paredes y en el techo,
y de tanto mirar el techo la lamparita se ha quemado,
así que he descubierto que todavía le queda algún poder a mi personalidad;
cierro los ojos e intento concentrarme en la liberación,
pero no pasa nada ni nadie,
bien o mal sigo aplastado contra el féretro de goma espuma y avanzo temas en el reproductor;

hay energías que me llevan a la muerte, 
igual que a todos me trasladan en sus vagones invisibles por las vías que no se tocan ni siquiera en el infinito,
vías siempre paralelas para un viaje que nunca llega,
la muerte no llega porque las señales abren más paréntesis
(explicaciones, didácticas, calificaciones, atributos)
y entonces parece más tarde de lo que es; 
hoy, como ayer, el día no concuerda con el reloj,
como tampoco concuerdo yo con lo que pienso.

Hay música, sin embargo, filtrada en las señales.
¿Hay un médico a bordo?
Un hombre está a punto de parir,
sí, un hombre.
Los pájaros han encendido fuegos sobre las puntas de los postes y en la calle brilla la espera;
mi memoria se renueva dentro mientras caen pedazos de paredes, 
lecciones de la escuela primaria y citas bíblicas de la catequesis parroquial,
éstas últimas de mis personajes favoritos cuyos nombres empezaban con la jota igual que el mío, Juan: Jonás y Job.

Hay señales musicales que no sé si son propias o ajenas
pero en definitiva qué se puede hacer salvo escuchar canciones,
si en la cama un pararrayos –mi cuerpo- toma de la noche
la luz de las estrellas, la luz de Dios o la luz de las ideas,
ya no importa qué utopía ha sido consumida en señales y comunicaciones
cuando es el dolor la antena que recibe las noticias.




Amor bajo cero, Vox 2013

Tomado del blog: 
http://escriturasindie.blogspot.com.ar/

2 Poemas

de Natalia Litvinova



                                          Fotografía de Natalia Litvinova 


Tus ojos se han vuelto mi cenicero

días y noches te he escrito, la primera frase era no existe Rusia, París no existe.

mis manos se vuelven más y más invisibles, besarte es besar una pared en blanco,
y no nos hemos besado.

miro este cuerpo tan cuerpo, cuántos lo han amado (¿quién podría amar
un cuerpo perdido?), cuántos inviernos prematuros festejaron en su vientre.

al margen de esta hoja se escribe mi vida, y se asusta y se intenta poesía,
se intenta verso claro que fracasa y se vuelve cuerpo.

leo el testamento de Kafka como única carta de amor. pronto en París caerá la nieve.
en Rusia también, otra nieve. vendrá la primavera por vientre.

los que me han amado intentarán volver a mí por la fuerza.

querido, tus ojos se han vuelto mi cenicero.
besarte es besar la desventaja del tiempo.

leo el testamento de Kafka, lo único que me queda.
mientras, regresan tranquilos los que me quieren santa y desnuda.


El milagro de la comunidad

Lavo el piso en cuclillas. Paso el trapo mojado.
Trazo mi camino humilde.
Afuere sucede el milagro de la comunidad:
un coro de niños canta, los hombres cortan trigo,
las mujeres se bañan en el río.
Me arqueo contra el espejo, la soledad excita.
Pronto se derrumbará esta casa y la alta hierba
cubrirá las ruinas.
Mi hombre huyó ante el peligro.
En la poesía encuentro la oración para soportar
cada corte abrupto.

Tomado del blog: 
http://casajena.blogspot.com.es/

viernes, 10 de abril de 2015

Mi calle

(del poemario inédito Las niñas que no saltan del tejado)

de Miryam Hache




Debo cruzar el puente
para llegar hasta.
Luego
la acera es una curva,
luego
un círculo de piedras y señales de tráfico.
Luego otra curva
y más allá
una calle torcida al cielo,
tan empinada
que las personas suben en escaleras mécanicas.

Hay quietud en el ascenso
lentitud hacia las casas de entre la bruma.

Vivo en la parte alta de Barcelona,
entre escaleras mecánicas
y atisbos de más alturas.
En barrios
construidos sobre montañas.

Se tapian las puertas y las ventanas de las casas deshabitadas
para que nadie entre
salvo las grietas y los bichos,
se tapia la hierba
en hileras inclinadas,
se embadurnan con una pasta que se endurece al viento.
Así
nuestras pisadas son más rígidas y firmes.
Así
es más dificil caer de un barranco asfaltado al mar
que desde una ruta sinuosa
llena de irregularidades y surcos,
de animales desconocidos y maleza sin cortes.

Formo parte
en internet
de un grupo de personas que comparten fotografías
de casonas que han visto,
de edficios abandonados por hombres
con árboles crecidos adentro.
Bastardos concebidos debajo del suelo
rompen los cristales y las lozas de los muertos.

Sus muros son grandes marcos
de una pintura en relieve total.

Otros habitantes
de barrios más altos
contemplarán
la cultura fracturada
abierta al cielo.
O a internet-azul-como-el-cielo.

Cómo no sentir la belleza de las piedras que sostienen el puente
de las grandes cúpulas de catedrales de siglos
de las paredes vernáculas raídas
de la música enrrollada a columnas y balcones
cómo no sentirla
más adentro de la piel,
si descubro que soy huérfana
de infancia y de ciudad,
que las grandes murallas son tan frágiles después.

En algunas de esas imágenes:
restos de vitrales pintados.
Cubertería de plata para la hiedra.
Ay mis líricos clichés
Yo
cruzo el puente
y escribo a través de mis manos
poemas vitrales colores
trizas de piedras
que serán
esparcidas
como las partes de mi cuerpo
como pedazos de edificios
corroídos
por todo ese tiempo sin gente.

Yo
escribo:
si no van a dejarnos entrar
al menos aireen, abran las ventanas,

dejen que los árboles revienten.