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sábado, 2 de mayo de 2015

Perplejidad

Microrrelato: "Perplejidad"
de Raúl Brasca




La cierva pasta con sus crías. El león se arroja sobre la cierva, que logra huir. El cazador sorprende al león y a la cierva en su carrera y prepara el fusil. Piensa: si mato al león tendré un buen trofeo, pero si mato a la cierva tendré trofeo y podré comerme su exquisita pata a la cazadora.
      De golpe, algo ha sobrecogido a la cierva. Piensa: si el león no me alcanza ¿volverá y se comerá a mis hijos? Precisamente el león está pensando: ¿para qué me canso con la madre cuando, sin ningún esfuerzo, podría comerme a las crías?
      Cierva, león y cazador se han detenido simultáneamente. Desconcertados, se miran. No saben que, por una coincidencia sumamente improbable, participan de un instante de perplejidad universal. Peces suspendidos en el agua, aves quietas como colgadas del cielo, todo ser animado que habita sobre la Tierra duda sin atinar a hacer un movimiento.
Es el único, brevísimo hueco que se ha producido en la historia del mundo. Con el disparo del cazador se reanuda la vida. 



Raúl Brasca (del libro Todo tiempo futuro fue peor)

jueves, 30 de abril de 2015

Detrás de la puerta

de Miryam Hache





Me acerco despacio porque ya sé. Aunque le tapes la boca. Será por mi piel algo manchada. Por esta voz que te despierta maternal y ronca. Por todos estos años que me dejaron tan abierta de hijos. De silencio. Expandida sobre el mundo como una cosa derretida. Sé que si estás así no escuchas mis pasos en el pasillo, la manera que tengo de avanzar descalza sobre la alfombra no, no sabes nada, nunca, que hoy pude salir más temprano, por ejemplo, que ya estoy frente a la puerta del cuarto, bajando sigilosa el picaporte mientras apenas respiro, que ahora sí, podré irme para siempre de esta casa porque te detesto, porque terminaré de abrir la puerta de par en par y te encontraré, tan como estás: recostado sobre la cama, leyendo el periódico, solo. Tan solo. 

martes, 21 de abril de 2015

Todavía no sé

de Miryam Hache



Todavía no sé

Me dices sal mi amor.

Desde aquí abajo veo cómo la luz se descompone al tocar el agua que me envuelve, cómo se transforma en ondas fugaces. Contengo la respiración y luego soplo. Formo un montón de burbujas que se deslizan hasta mis pies. Me estiro para explotarlas contra la bañera con mis dedos gordos. Una a una. Suenan muchos pum como estallidos de plásticos diminutos. Todavía no sé nada y todas las niñas como yo elevamos sueños más arriba del agua del techo del baño. Casi más arriba de tu cara que ondea, de tus manos enguantadas en piel de toalla. Todavía no sé que un día aguantaré la respiración fuera del agua, intentaré tocarte y ya solo serás un reflejo. 
Descomponiéndose.  

lunes, 13 de abril de 2015

1 microcuento

de Isabel González




Numeración incorrecta


“Un día me compraré un caballo de éstos. Rosa y con alas”, dice la niña y señala, en el libro abierto sobre sus muslos, la foto de un flamenco. El hombre, alentado por tanta inocencia, se quita la chaqueta, estrecha su acercanza y escarba los bordes de la hoja sesgada mientras le explica que alguien arrancó una página entre definición e imagen, que después del doce no viene el quince y que imagínate si Genghis Khan hubiera dominado Mongolia sobre un ave de tan frágiles patas. Como si la niña no supiera. Como si no apretara en su puño la hoja extirpada. Como si las cosas no pudieran ser de otra forma.

                                         (Incluido en Por favor, sea breve 2, Edición de Clara Obligado, Páginas de Espuma, 2009)

viernes, 10 de abril de 2015

Claudia

(microrrelato finalista del concurso Manuel J. Pelaez 2014)

de Miryam Hache



23:55. Claudia, traete el Don Perignon querida por favor. Ya, ya se lo alcanzo señora. Eso decían los mayas ¿o eran los aztecas? No, los mayas, sí, y Nostradamus, y algunos científicos que dicen que va a cambiar la rotación de los polos, y todos esos documentales de History Channel, pero yo no quiero, ni siquiera parí todavía, ni me cogí a nadie después de Pablo, ni viajé a Europa, ni a Brasil siquiera, ¡a Brasil! que está acá al lado, por dios necesito coger el día del fin del mundo, y no voy a coger un carajo, voy a dormir sola en ese cuartucho, después de limpiarles la mierda a estos ingratos. Acá parada como una estúpida y son y 57, con el delantalcito que me eligió la señora y la botella de champagne que no me voy a tomar. Vas a reventar cerdo de tanto tragarte vacas enteras, ni masticás, ni masticás. Quedate tranquilo que yo te limpio el inodoro mientras vos troleás por Palermo y ella se duerme empastillada, y 59 y yo hoy no cojo y que reviente, 00, que reviente el mundo ya.