sábado, 9 de mayo de 2015

Postergada

de Miryam Hache





Los días rebotan como pelotas en mi pelo
el espejo del baño es todos los espejos
y mi reflejo un personaje
que tapa
la lentitud de mis finales,
esas arrugas o advertencias
esos trastornos de la piel.
Mientras
paso y paso y paso
bajo mi único nombre.

Ya escribí que soy transoceánica
multigeográfica
todas las errancias de las mujeres beat veladas
de los perros sin raza hijos de nadie
los anónimos muertos de sobredosis en raves
las escritoras postrománticas suicidas
los mendigos y sus cartones y sus carros de la compra
su horizontalidad y sus botellas en las puertas de los bancos
acristalados como obras de arte
que turistas imbeciles fotografían
como si fueran postales de carne
las actrices antiguas grabadas sin color
eternidazas entre el humo del glamour de los treinta
los acróbatas circenses de otro siglo
las piernas que danzan el folklore balcánico en Nueva York
las gargantas femeninas de Serbia,
los deformes de Arbus,
los asesinos de Hitchock,
mi ego es tan grande
que soy toda la belleza posible
la otra realidad bajo las urbes
soy el fucking infinito encajado en un cuerpo.
Soy una más de las que escribe
para ir más adentro del mundo.
No rutina
pausa repetida
un paréntesis
entre
toda
esa
belleza

que dejo.




viernes, 8 de mayo de 2015

Entrevista a José Agudo

por Carmen Tomás 




     José Agudo nació en Fregenal de la Sierra (Badajoz) en 1952, aunque su vida, hasta la fecha, transcurre lejos de esas tierras, entre Mallorca y Barcelona, donde reside actualmente. Ambos lugares le han impregnado de lo que él mismo denomina una profunda "nostalgia mediterránea". En 1977, ya en Barcelona, fundó, en colaboración con otros escritores, la revista de arte y literatura Alisma, participando activamente en los numerosos acontecimientos culturales que tuvieron lugar en la capital catalana a finales de los años setenta. Es en esa época cuando toma plena conciencia del significado de la palabra poesía y cuando descubre a poetas que le van a mostrar la verdadera dimensión del poema. 

     Entre su vasta obra cabrían resaltar las siguientes publicaciones: Naufragios (1992), Conciencia de mí mismo (1995), Dibujando la Rosa de los Vientos (1996), Hombre desnudo (2006), Esta frágil cadencia (2008). 
     Ha sido premiado en numerosos certámenes de Poesía: IV Concurso de Poesía de Primavera de Palma de Mallorca, XII Certamen de Poesía Federico García Lorca, I Certamen Nacional de Poesía Ciudad de Torrevieja, Premios Otoño de Poesía Villa de Chiva, XXVIII Premio Hispanoamericano de Poesía Juan Ramón Jiménez.

¿Por qué tu obra es considerada como poesía de la meditación?
–Nunca me ha gustado considerar la poesía como un arte que pueda situarse en compartimentos estancos. Identificarla de tal o cual forma según la tendencia estilística o temática del poeta equivale, en cierta forma, a señalar fronteras y limitar los espacios. Fue el escritor Manuel Rico, en su Antología de Poetas Catalanes en Castellano, titulada Por Vivir Aquí, quien señaló mi universo poético como de la “meditación y de entroncamiento con la naturaleza”. Pero respondiendo a la pregunta sin más devaneos, debo decir que es cierto que mi pulso poético tiende a la reflexión acerca de la vida y sus contornos, de los mínimos hechos cotidianos que pueden pasar desapercibidos, pero que analizados convenientemente suponen una carga emocional lo suficientemente importante como para tenerlos en cuenta y tratarlos poéticamente. En definitiva, si el antólogo consideró que mi obra versa acerca de la meditación y establece, además, un entroncamiento con la naturaleza, me parece estupendo. Otros, no obstante, al menos así desearía que sucedería, descubrirán distintas vertientes que, de algún modo, enriquecerán mi poesía.

¿Cuándo empezaste a escribir y qué autores han influido más en tu trayectoria?
–Creo que hace toda una vida. Me recuerdo escribiendo desde siempre. Quizás tuviera trece o catorce años. A esa edad, lógicamente, la ingenuidad, la falta de experiencia, las escasas lecturas, son una carga inevitable que supedita la creación, la verdadera creación. Pero es precisamente en esos años cuando se va gestando el poeta, cuando se van consolidando los cimientos, si no se desmoronan con la edad. En cuanto a los autores que han influido más en mi trayectoria, me gustaría pensar que todos los libros leídos me han servido para algo y que aquellas noches en vela, entusiasmado con el descubrimiento de algún autor, contribuyeron en gran medida a formarme como poeta. No cabe duda que algunos nombres destacaron sobre otros y fueron ellos los que en verdad me desvelaron la verdadera dimensión de la poesía. Y cito, por poner un ejemplo, a Jaime Gil de Biedma, después de haberme empapado de la generación del 27, o a José Agustín Goytisolo, o a Caballero Bonald. Pero tampoco quiero olvidar, sin que resulte demasiada extensa esta lista, a Quevedo y, naturalmente, a Manrique

La pregunta inevitable ¿por qué escribes?
–Sinceramente, ni yo mismo lo sé. Podría dar infinidad de razones, pero creo que no sería sincero. Acudo a la llamada de la escritura poética como quien acude a un acto casi místico en el que, en algunas ocasiones, sé que seré  plenamente feliz. Y digo en algunas ocasiones porque la creación conlleva también cierto sufrimiento, aunque quizás no sea la palabra exacta, digamos que congoja, tal vez placer, vicio. Parafraseando al poeta que antes citaba, Jaime Gil de Biedma, diría que “el juego de hacer versos se parece en principio a un placer solitario, después acaba convirtiéndose en un vicio solitario”.

¿Consideras el proceso creativo como un acto de exorcismo?
–Tal vez sea un acto de exorcismo, no lo sé con certeza, pero lo que sí creo es que todo acto creativo está envuelto por un halo mágico que engrandece al ser humano. La creación se nutre de extraños ingredientes que con frecuencia no sabemos señalar. Me gustaría pensar que es una forma bella de acercase al universo, a un dios desconocido, al misterio o a la nada.

¿Crees necesaria la comunicación con otros autores/ras para mantenerte al corriente sobre lo que se cuece en tu mundo?
–La comunicación implica conocimiento, compartir conocimientos. Por eso creo necesaria esa comunicación entre los coetáneos, necesaria y eficaz. La transmisión de experiencias, es decir, conocimientos, no sólo es algo innato, natural en el ser humano, sino que es muy conveniente para alcanzar una visión más clara, justa y objetiva de las inquietudes ajenas y del mundo en el que vivimos.

"hay jóvenes poetas que están abriéndose paso de una forma arrolladora, imponiendo nuevas formas (...)"

¿Cómo ves el panorama actual de la poesía en nuestro país?
–La poesía, igual como sucede con el teatro, está en una eterna crisis. Aunque no es del todo cierto. Actualmente hay jóvenes poetas que están abriéndose paso de una forma arrolladora, imponiendo nuevas formas, nuevos usos en la utilización del verso, renovando con ilusión su manera de entender la poesía. Y eso está bien. Porque, además, tienen una excelente calidad. Quizás no se compran tantos libros de poesía como sería deseable, pero me consta que la poesía sigue viva y con ganas de ocupar el espacio que le corresponde, acomodándose a la forma de entenderla desde los territorios de nuestro siglo XXI.
 
¿Podrías señalar las diferentes evoluciones de tu obra?
–No sería objetivo si yo mismo señalara los caminos que ha recorrido mi obra. Dejo esa cuestión a quien tenga la voluntad de seguir mis pasos en la creación poética. No obstante, diré que he procurado ser fiel a mis principios y a mis conceptos, riguroso en los temas y en la forma de abordarlos. En definitiva, mantener, en la medida de lo posible, aquella primigenia ilusión que me llevó a amar la poesía.

¿Escribes todos los días? ¿tienes algún ritual?
Sí, procuro hacerlo, releyendo lo ya escrito, reviviéndolo, como diría Juan Ramón Jiménez, o pellizcando un nuevo poema que se resiste, pero que, de alguna manera, intuyo como algo bello. Ritual no tengo ninguno, tal vez algo de vocación y un poco de trabajo.

¿Se es poeta las 24 horas del día?
–Efectivamente, las 24 horas del día. No comprendo otra forma de ser poeta y entender la poesía.

¿Necesitas musas para inspirarte?
–La única musa que conozco es la vida, la vida y todas sus variantes, trochas, senderos, caminos que de ella emanan.

¿Qué es la poesía para ti?
–Una forma de entender la existencia, una manera de respirar, de pensar, de amar, y también de sufrir, por supuesto.

¿Te gustan las películas de gladiadores? ¿has estado alguna vez en una cárcel turca?
–Me gustaban. Cómo no acordarse de Espartaco o, actualmente, Gladiator, que era, por cierto, paisano mío, extremeño. La segunda pregunta la responderé, naturalmente con el ánimo de preservar mis derechos constitucionales, solicitando antes la asistencia de un abogado, de oficio, claro, ya que la poesía no da para muchos dispendios. 

      
  Entrevista concedida a Carmen Tomás el 9 de diciembre de 2013



miércoles, 6 de mayo de 2015

Capítulo 11 de "Quema" (novela inédita)

de Miryam Hache






Apago el emepetrés y lo guardo en mi cartera, en el bolsillo adentro del bolsillo de adentro. Caminé un largo rato por una explanada desierta para ahorrarme el euro con treinta del colectivo y espero que nadie perciba mi sudor, la semi aureola que se me arrima a las axilas, a la tela sintética de mi camisa blanca —una de esas que elijo como automática para venir a esta clase de lugares—. Los zapatos negros, los únicos que tengo que parecen de oficina, la falda también negra ni tan corta ni tan larga. Casi como si viniera a un velorio. Los botones hasta arriba. Casi.
Me anuncio, me siento. Solo caben dos escritorios, apenas unas cuatro o cinco sillas vacías para los clientes. Por un lado hay una mujer de rizos frente a una computadora, tecleando sin parar, ni por un segundo despega la mirada del teclado. Por el otro, hay una mujer de cabellera castaña, perfectamente lacia, vestida con camisa y corbata y una falda similar a la mía. Sus pestañas postizas son excesivas, su mascarilla también.
Le dice a la anciana:
Tenemos que bajarlo todavía más Mari, entiende que a ese precio no te lo va a comprar nadie. Hay pisos con más metros y más cerca de la Benavidez que están más baratos. Por el lugar en el que está y por los años que tiene, si lo quieres vender ahora, hay que bajarlo un poquillo más.
Pero es que ya lo he bajao. Ya le he bajao cuarenta mil euros, no puedo seguir bajándolo, entiéndeme.
La anciana no lleva maquillaje ni tinte en el pelo.
Pues hay que ajustarse un poquillo más Mari, lo siento, pero si lo bajas a cuarenta mil es muy posible que lo vendas pronto. Si no ya sabes. Lo siento, yo solo estoy intentando ayudarte.
¿Cuarenta mil? Pero eso apenas me alcanza para terminar de pagar la hipoteca.
La anciana envuelve la correa del bolsito con las palmas de sus manos, la aprieta.
Es que de otra manera no te lo va a comprar nadie. Si lo quieres vender ahora, tienes que bajarlo más. Te lo digo yo que estoy aquí metida tor día, tienes que bajarlo más Mari, si no no lo vas a vender.

Suena el teléfono. La mujer de rizos lo atiende sin levantar la vista del teclado —estará reflexionando sobre la posición de las teclas—, gira roboticamente la cabeza, me encuentra, sus ojos son verdes. Dice: Marlene, ven.

De pie frente a mi debe llevarme casi tres cabezas. Lleva un traje azul. Tiene los ojos enormes y medio salidos para afuera. Es negro. Si me diera un golpe mínimo me mataría en dos segundos. Puede ser —por qué no— un asesino en potencia, y no deja de mirarme fijo a los ojos, como todo buen entrevistador, como todo buen jefe.
A pesar de hablar el español con mucha naturalidad, hay sonidos que no puede pronunciar bien. Eso lo desacredita, me hace verlo más inofensivo y manso. Eso y sus grandes labios salivados que lo asemejan a un idiota. Me pregunta sobre mi experiencia laboral, bla bla, mis estudios, bla bla. No le tengo miedo, él no es nadie, le hablo confiada y le miento rígida sin dejar de mirarlo fijo a los ojos. Su traje azul. Sus ojos negros. Agarra una hoja de papel y me dibuja un gráfico. Así es la historia: en España el mercado inmobiliario tuvo un boom, un crecimiento, una subida exponencial, y luego cayó. El mercado es cíclico, o más que cíclico, es una línea de montañas ascendentes y descendentes que se suceden interminablemente. Y esta es la lógica: ahora estamos aquí. Me señala el pico de una de las montañas sumergidas. Más abajo de esto no hay nada. Tú puedes entrar a trabajar aquí ahora, no te pedimos experiencia ni formación, te enseñamos todo lo que tienes que saber sobre el mercado inmobiliario absolutamente gratis. Asesoría de imagen, asuntos legales y burocráticos, técnicas de venta, etc. Cuando el mercado ascienda —y me señala el gráfico, el punto instalado en el pico más bajo desplazándose hacia arriba bajo la punta de su bolígrafo— tú subirás con el, y ganarás mucho dinero. ¿Quieres ganar mucho dinero? Bueno, ahora hablemos de números. Cobrarías solo comisiones, yo no pago fijo. Te llevarías un 20% de comisión por los alquileres y un 10% por las ventas. Si cumples un mínimo de 3 alquileres por semana yo te pago 300 euros más al mes. Si además cumples un mínimo de dos ventas al mes te pago otros 300. Luego hay un bono semanal por buen desempeño. Ahí yo te daría un sobre con X dinero.
Edward Norton en el Club de la Lucha cagándose a piñas a si mismo para cobrar un sueldo vitalicio sin tener que trabajar. En el despacho del jefe. Echándose de espaldas contra la estantería, clavándose cristales y sangrando a borbotones por la nariz. Sale triunfante por el pasillo, magullado de pies a cabeza escoltado por dos agentes de policía.
Entonces, calculamos, si hicieras por ejemplo 3 alquileres por semana de 400 euros, te llevarías 960 euros al mes, más los 300 euros, 1260, sin contar ninguna venta y ningún bono. Tu sueldo podría oscilar entre los 1200 y los 2000 euros mensuales. ¿Te interesa? Entonces te veo el lunes aquí a las nueve de la mañana.
Lunes nueve de la mañana: el jefe no está. La mujer de ojos verdes y rizos caoba me pide que espere a Ricardo, un compañero que entró aquí a trabajar hace dos semanas y hará la ruta conmigo y me explicará todo lo que tengo que saber. Hoy está más simpática, me dice que tranquila, que lo que no sepa lo iré aprendiendo poquito a poco.
Ricardo me saluda con un apretón de manos, me cede el paso al salir de la oficina. Empezamos el recorrido. Primero hay que ir a dejar flyers en los cristales de los coches. Se hace así, me dice Ricardo, levantas un poco el parabrisas, lo metes y plaf, un segundo. Ricardo es italiano, debajo de su traje debe haber más agua de la que me eché hoy en la cara, de la que usé para enjuagarme la boca. Aunque dice que tiene treinta y pico, ya está bastante calvo. Y gordo. Caminamos. Subimos y bajamos cuestas. El paisaje, exceptuando unos cuantos árboles, es árido y terroso. Entre baldíos y monoblocks y casas mata. Las casas mata son casas bajitas, no sé si las llaman así en toda España o solo aquí. Me es difícil, en este paraje, ver reflejado en físico el ideal de casa que tengo en mi cabeza. No hay casonas, no hay phs, ni siquiera casitas humildes pero bonitas. Hay estas casas mata de mierda, con ancianos en los portales y sillas para sentarse a esperar la muerte y hablar de la verdura. Ricardo me explica cómo es la cosa. Las primeras semanas no te permiten gestionar ventas ni alquileres, porque consideran que aún no estás lo suficientemente bien formado. Nuestro trabajo consiste en caminar de nueve a dos y media y de cuatro y media a nueve por todo el barrio buscando números de pisos en alquiler o en venta, apuntarlo en esta planilla, me dice, ves, así, aquí especificas la zona, si está anunciado por otra inmobiliaria o no, el número y el resto de la información que tengas, metros cuadrados, habitaciones, etc. Luego le daremos la planilla a Lucía y ella se encargará de llamar. El curro nosstá mal, me comenta, lo que tiene de malo sque no te pagan fijo, pero nadie tesstá controlando ni vigilando, puedes caminar por donde quiera o detenerte a fumar un cigarro o a tomar un café. ¿Quieress tomar un café? Yo invito, dice con orgullo palmeándose de soslayo el pecho. Bueno, le digo, venga, gracias. ¿Hay algún bar por aquí cerca?

Cuando era niña quería ser mujer, que me crecieran las tetas rápido, ser alta, rápido. Quería ser actriz de Hollywood, quería ser la más linda de todas. Hoy el Hollywood más recalcitrante me da arcadas. No seguí creciendo, me quedé en el 1,65 y la belleza es algo tan subjetivo.
Me gustaría que el tiempo se detuviera, poder cumplir todas mis metas antes de los treinta y después sí, que corra nomás, que fluya.

        Mis párpados caen, podría decir que hasta me duelen. Levantarse temprano no es lo mío. Para nada. Da igual que Paz o Laura me digan siempre que lo que debería hacer es acostumbrarme, que sufro tanto el levantarme temprano porque no estoy acostumbrada. No es así, yo soy nocturna. Y adicta al café. Eso no se lo digo. Se limpia con una servilleta el sudor en su frente. Yo apenas disimulo cómo me aireo las axilas separando los brazos del cuerpo, abanicandome con las manos cuando él se gira. No le digo que me tomaría tres cafés, que uno solo no bastará para despertarme. Que solo puedo tomarme el que pague él porque no traje ni un duro. A mi nadie puede decirme nada, mentiende, me dice, a mi nadie messtá pagando, yo voy a comissione, yo puedo tomarme un café cuando me de la gana, si no qué ssentido tiene. Tiene razón, pero la verdad es que con el sueño que tengo me da igual lo que me cuenta, que si antes fue camarero diez años, que ese sí que ess un trabajo de mierda porque terminass reventao de andar de aquí para alla tol día, no, no, camarero nunca más, a no ser que de verdad no me salga otra cossa, mentiende, si no no, ni loco. Y niega con la mano en alto. El es de Nápoli. En Nápoli la gente no se resspeta, aquí en Esspaña e mucho mejor la cossa. Trabajó en cruceros también. Pero e duro, se gana bien, pero star en altamar tanto tiempo no e bueno. Yo ahora tengo muje, mentiende.
Seguimos la ronda. Caminamos bajo el sol, entre viejos y carritos de la compra. El me convida cigarrillos, yo lo escucho, me muero de sueño. Cerca de las dos de la tarde empezamos a caminar de regreso a la inmobiliaria. Las plantas de mis pies ya no pueden. De pronto suena su celular, es Lucía, de la inmobiliaria. Le pregunta si ha parado a tomarse un café. Él se apresura a contestar que tiene derecho, que por qué no va a poder tomarse un café. Pero Lucía le dice que no es eso, que llamaron del bar para avisarle que alguien de la inmmobiliaria se había tomado un café en el bar Las Flores y se había ido sin pagar. Le habían visto el uniforme. Ricardo se lleva la palma abierta de la mano a la frente. Ya missmo voy pallá, se excusa, se me olvidó completamente, ya voy para allá.

Lo acompaño. Se le nota que dice la verdad, que está avergonzado. Huelo a sudor, cada vez más. El también. De camino al bar, le hablo un poco de mí. Le digo que ya no sé qué hacer, quizá trabajar unos meses en un crucero pueda ser una buena solución y una buena experiencia. Podría escribir sobre eso después. O volverme a Argentina, no sé. No le digo que no quiero trabajar. Que me gustaría no tener que trabajar nunca. Mira, hay que tene paciencia, me dice, mi muje es russa, vive en Marbella, y está trabajando dessto también hace casi do messe, do, y todavía no cobró nada. Pero hay que tener paciencia, me repite, sto despué va a dar sus frutos. Nosotro stamo en el pico más bajo pero cuando la curva del mercado suba, nosotro vamo a star arriba. Hay que tener paciencia, me augura. Mira, yo cuando ahorre algo de passta, quiero comprarme una casa, porque el momento pa comprar es ahora, una como esas, una casa mata. Eso quiero. 

Fragmento de "Quema" (novela inédita)

de Miryam Hache





Culpa cuando escucho el tema girls just wanna have fun y me gusta. Culpa cuando desenvuelvo el manojo de apio y tiro el plástico a la bolsa de basura de plástico. Culpa al apoyar cualquier campaña ecologista en contra del petróleo derramado sobre animales, y al pensar en todos esos mares de petróleo impostergable saliendo a borbotones como sangre negra de los brazos de unos pueblos cuando yo estoy llena de plástico, culpa plástico en los cajones de mi habitación y en mi ropa y en mi nevera y en mi culpa, culpa por no participar más activamente en esas campañas haciendo lo que sea, lo que no sé, lo que no sirva, culpa al comer de más, al querer más. Culpa a no querer siempre a mis padres como quiero quererlos. Culpa al comer manzanas y maíz envenado, al comer papas fritas de Mcdonalds. Culpa cuando fumo, cuando recuerdo lo que no debería haber soportado. Culpa por escribir sobre la culpa sabiendo todo lo que ya se ha escrito. Por no hacer ejercicio, por no haber plantado mil árboles, por todo el papel que he gastado, por imprimir, por comprar, por fotocopiar. Por ser así de inconstante. Culpa por no sentir culpa y culpa por no querer dejar de sentir culpa. Por contradecirme. Culpa porque no hago todo lo que debiera, porque el tiempo se me va y yo sigo siendo esta mujer con culpa.

martes, 5 de mayo de 2015

Fragmento de "Fuegos"

de Marguerite Yourcenar




*
Existe entre nosotros algo mejor que un amor: una complicidad.

*

Cuando estás ausente, tu figura se dilata hasta el punto de llenar el universo. Pasas al estado fluido, que es el de los fantasmas. Cuando estás presente, tu figura se condensa; alcanzas las concentraciones de los metales más pesados, del iridio, del mercurio. Muero de ese peso, cuando me cae en el corazón.

*

El admirable Pablo se equivocó. (Me refiero al gran sofista y no al gran predicador.) Para todo pensamiento, para todo amor que entregado a sí mismo empieza a desfallecer, existe un reconstituyente singularmente enérgico que es TODO EL RESTO DEL MUNDO que a él se opone y que no vale tanto como él.

*

Soledad. . . Yo no creo como ellos creen, no vivo como ellos viven, no amo como
ellos aman... Moriré como ellos mueren.

*
El alcohol desembriaga. Después de beber unos sorbitos de coñac, ya no pienso en ti.

lunes, 4 de mayo de 2015

Rasga(d) las vestiduras

de Laia López Mánrique





Ellas. Gorriones sobre la tierra negra, carruajes de lúnula, raspaduras. Quiénes son, dijeron: ellas, gorriones sobre la tierra negra, carruajes de lúnula,  raspaduras. [Ellas tienen]: No, ellas no tienen. Ellas guardan deseo. Ganas de hervir.
[Ellas guardan] Palabras y palabras donde hervir. Qué se hierve. Tal vez se hierve quien articula este discurso, estas palabras. Qué se hierba. Crecen a través de ellas los tallos, los tallos en la tierra negra: tallan esta lengua para mostrar la semejanza entre, la obscena semejanza, la disímil; la señalan, le hacen señas, porque no había nadie a quien ceder la imagen más allá del espejo y sí, lo hubo, donde el espejo limita con el suelo, donde limita y hay el suelo, donde se asienta, asiente, y ellas asienten, ellas se colocan en el margen de recorte, su integridad volcada.
Ellas guardan el daño, un daño inscrito: un daño lateral, pronunciado. Un daño ligero como los restos de piel en la muda. Para significar que fueron hubieron de robar una tela estrecha y rijosa y arañarla, para significar que fueron hubieron de asestar el golpe en la crin del caballo, decir: historia, decir: histeria, pronunciar las palabras donde no había palabras sino un zumbido arcano y contagioso (zzzzzzzzzzumbido, lo oiremos antes que las palabras, el zumbido de ellas, zzzzzzzzzumbido, llegará antes que las palabras dibujando sus llagas su música, antes que las palabras el sssssssssilencio dispuesto en la mesa como un mantel lleno de migajas, promontorios.)

Ábsides bajo la tierra negra, bajo la tierra crecen , añoran y buscan, bajo la tierra las fieles, las taimadas, hacen chocar sus uñas contra el primer estrato y el segundo estrato y el tercer estrato (...) porque no entienden lo que es la muerte, porque la muerte en ellas se extiende y extendiéndose existe como una forma de vida otra, ellas zzzzzzzzzumban, broncas y livianas en la transfiguración, surcan, acarician con la yema abierta la tierra que las expulsaba.


Tomado de: http://revistakokoro.com/

Fragmento de "Las olas" de Virginia Woolf

Fragmento de Las olas
de Virginia Woolf



Rhoda


(la escena se da en un restaurant en donde se van a juntar los seis protagonistas de la novela The Waves luego de un tiempo de no verse. Rhoda es la última en llegar)


Si yo pudiera creer, dijo Rhoda, que hay que envejecer buscando y cambiando, debería liberarme de mi miedo: nada persiste. Un momento no lleva a otro. La puerta se abre y el tigre pega el salto. Ustedes no me vieron llegar. Di una vuelta alrededor de las sillas para evitar el horror del salto. Tengo miedo de todos ustedes. Le tengo miedo al choque de la sensación que salta encima mío porque no puedo manejarlo como ustedes lo hacen – no puedo hacer que un momento se una al siguiente. Para mí cada uno es violento; cada uno está separado; y si caigo bajo el choque del salto del momento ustedes van a estar encima mío, deshaciéndome a pedazos. No hay ninguna meta o final a la vista. No sé como ir minuto a minuto ni de hora en hora, ni resolverlos gracias a alguna fuerza natural hasta que formen esa total e indivisible masa que ustedes llaman vida. Porque tienen una meta a la vista: ¿una persona junto a quien sentarse, una idea, su propia belleza? No lo sé, sus días y horas pasan como las ramas de los árboles del bosque y el suave verde del bosque se sube a un perro de caza que corre persiguiendo un aroma. Pero no hay ni un solo aroma ni un solo cuerpo para que yo lo siga. Y no tengo un rostro. Soy como la espuma que se desliza sobre la playa o la luz de la luna que cae como flechas ahora sobre una latita, ahora sobre la espina de una planta, o en un hueso o en un bote medio comido. Soy llevada hasta las cavernas, me agito como una hoja contra corredores interminables y debo presionar mi mano contra la pared para descorrerme.
Pero como por sobre todas las cosas quiero tener un alojamiento, pretendo, mientras subo las escaleras poniéndome detrás de Jenny y Susan, que tengo una meta a la vista. Me subo las medias tal como ellas se las suben. Espero que ustedes hablen y luego hablo como ustedes. Soy llevada por Londres hasta un punto particular, un lugar particular, no para verte a vos o a vos o a vos, sino para encender mi fuego en esta hoguera general que ustedes encienden, ustedes que viven completamente, sin divisiones, sin que les importe.



de la novela Las Olas, de Virginia Woolf
Tomado del blog de Tom Maver: http://hastadondellegalavoz.blogspot.com.es/

Hora estalactita

de Antonio F. Rodríguez


                                                                                                               de Max Ernst

yuca
madre yuca
acude
madre
mórame el agua
múdame piedra
despiértame
la sal viva
estoy desesperado
¿no lo ves?
como comen insectos
esta fragilidad, quieta
en mis labios,
costuras que aún quiero ser,
de dónde, almendra,
fluye rastro de amargor,
cuando crisálida,
si da un gramo de ascensión
a cambio de lo hondo,
nuestra corrosión, nuestro pacto,
¿no lo ves?
el día me quiere larval,
dialecto, en filo que inaugura
rostro, para mí, para otro,
habla con piedra unánime
un silencio que no cesa,
arroja una aridez, feroz
alambre de mi ser,
madre,
yuca madre,
ya ves que no olvido
el arte del hueco,
abajo,
sin fruta en las palabras,
selladas todas, no acercan
el temblor en que aún
nos es posible unísono,
ya sabes que soy estricto, delicado,
y que estoy furioso,
todo era mentira y qué dar,
sin niño, todo muro ya,
desguarnecido,
dar qué, sabor llagado,
descoyunta, para qué,
no preguntar, nada cede,
uñas en la madera, acelera
hora estalactita, quién

abrir el mundo
a esa extinción



Tomado de: http://revistakokoro.com/